sábado, 7 de septiembre de 2013

El puerto seguro

Me apoyé en la ventana
para contemplar la bahía,
repleta de veleros;
una gran boca abierta
tragaba las mercancías
del pobre embarcadero

El cielo,
preso a un azul infinito,
contrastaba con los colores
que teñían mi pensamiento

"?Te gusta?", preguntó Alberto

?Qué decir? No sabía;
Una lengua sin sabores
amargaba el ánsia muda.

De pronto recordé a Neruda;
un verso, una frase decía:
"a casarse, peces del mar"

El océano, sin tiento,
zumbaba en mi cabeza
como turbina nuclear.

Observé adentro:
el piso de tabla flotante,
las paredes asfixiantes
del departamento vacío

Ví la luz solar reflejada
en el blanco denigrante
y sentí cierto hastío

Traté de amarrar todo,
ese nido con un nudo,
un lazo vulgar y duro
como el ocho marinero

Encajé cuatros elementos
en el espacio reducido;
imaginé rosas y mirtos
brotando del seco suelo

"?Te gusta?", preguntó Alberto

Nuevamente miré la ventana
y unas incontrolables ganas
me invitaban a navegar:
la paz inquieta del cuadro,
los altos montes, el marco
que bordeaba la costa

Quizás pudiesen desvelar,
desde su benéfica altura,
el secreto que la línea oscura
esconde detrás del horizonte

Mar, vida, cueva, muerte,
morada de cachalotes
y grabados de Altamira

Antigua cueva, postigo,
hombre, legado póstumo,
perpetua Pantomima

"?Te gusta?", insistió Alberto

?Qué decir? No sabía;
una lengua sin respuesta
lamía viejas heridas

?Habrán dicho "sí",
tan rápidamente,
aquellos bravos soldados
que arriesgaron sus vidas?

?Habrán, así, ignorado
su instinto inconsciente
cuando fueron a Normandia?

Observé adentro;
quería que las paredes de cal
se disolvieran en polvo de oro
y penetrasen en el mar,
en mi cuerpo;
que hincaran en mis entrañas
sus astillazos dorados
y ya la carne:
un conjuro quebrado

"?Te gusta o no?", insistió Alberto

!Bumbum! Brameaban las olas
al golpear la proa
del buque de guerra

!Runrun! Gritaba el ciclón
en cada rincón
del azul planeta

Respiré la vasta mañana
y cerré la ventana:
"Sí, Alberto, me gusta"

jueves, 29 de agosto de 2013

Enjaulado

El pájaro se lanza
con sus alas magulladas
contra el hierro caliente.

Casi ya no tiene plumas,
las perdió en esas batallas
labradas por su libertad

Tampoco canta, sólo gime,
lamenta por las mañanas
mientras el sol esgrime
rayos que lo hieren;

Pues recuerda la melodía
que sonaba al nacer el día
y que lo hacía cantar;

La que silbaba, antes,
cuando planeaba 
con el cuerpo a merced
de las caricias del viento

Entonces vuelve a creer,
presto a un nuevo intento

Armado del sentir reprimido
golpea a las barras resistentes
pero su cuerpo enclenque
cae ao suelo rendido;

La luz apuñala su pecho,
y sus oídos están al acecho
de la emotiva canción

Así echado, suavemente
deja de luchar y siente
que su carne desvanece
pero nunca su corazón

sábado, 24 de agosto de 2013

As vozes do dia

As vozes do dia
na consciência desatenta
são um eco motriz

Essas vozes na mente,
são gestos do corpo,
ora velhos ou novos,
e sempre fixam raíz

E já firmes na cabeça,
formam uma trama de retalhos
que espalha os seus galhos
em volta do coração

Mas ainda com ar escasso
aceso entre os abraços
o coração bate insistente

Mesmo sujeito a existência
aferra-se a sua essência
que é ser diligente

Não se julga escravo
embora seja cerceado
já que é pai da emoção

martes, 13 de agosto de 2013

La herencia

Catarina está sentada en un banco de madera, en el patio de su casa, observando el agua dulce que baja de los canales superiores hasta el aljibe; reflexiona sobre esos pequeños riachuelos cuyo destino final es convertirse en una masa pareja, sin identidad. Suena el timbre, se levanta y vuelve a los pocos segundos sosteniendo una carpeta. La carpeta dispone de fundas de plástico, todas ocupadas con hojas amarillentas. Saca una hoja de una funda y la estira con sumo cuidado, como si tratara de eternizar, con su delicadeza, el eco de las palabras escritas, de las sensaciones recreadas, del pasado también ajeno.

Revisa hoja por hoja, concentrada en absorver cualquier detalle que antes no notara. En el proceso se depara con uno de sus poemas favoritos. Su vista rebota en el papel y la angustia se despierta en su memoria. Cierra los ojos por un momento, inspira profundamente y vuelve su cabeza de repente hacia el medio del patio, dónde se escucha el abrupto movimiento de las ramas del Jacarandá.
Avista a un hombre apuesto, un poco más joven que ella, apoyado en el árbol.

-Buenas Tardes, soy Don Daniel. Perdone si le asusté.
-Todo bien. Estaba inmersa en recuerdos, no me había dado cuenta que ya había llegado. Quería esperarlo aquí, en mi lugar preferido de la casa ¿Le gusta?-
- Este patio es muy pintoresco, una verdadera joya de la arquitectura porteña-

Daniel contempla el entorno por unos segundos, meditativo. Se escucha el discreto fluir del agua mezclado con el bullicio de la avenida vecina. Catarina lo observa expectante, hasta que, de pronto, él dispara:

- Como la joya que usted parece tener entre manos: algunos de los escritos no publicados de Borges. Mi fuente me confirmó que son documentos originales; ¿puede usted demostrarlo?

Catarina no aclara nada, se limita a estirar la mano, entregándole su poema favorito. Daniel ve las marcas de los años estampadas en el papel, las notas inconfundibles de su ídolo, del hombre al que adora, que le motivó a estudiar periodismo. Al darse cuenta de la autenticidad del manuscrito, abre una sonrisa de par en par, lo besa repetidamente e insiste:

- Este documento tiene un valor inconmensurable doña Catarina. Necesito comprender cómo lo consiguió.
- Me dijo que va a escribir una biografía de Borges, ¿cierto?-
- Así es. Y poder contar con fuentes fidedignas es fundamental-
- Llamáme Catarina por favor, no somos tan mayores como para tratarnos de usted-

Daniel asienta y declara entusiasmado:

- Soy un profundo admirador de Borges. Muchos ya escribieron biografías sobre él pero ninguno lo hizo con la entrega afectiva que yo deposito. Borges tiene, y siempre tuvo, más peso en mi vida que mi propio padre-
- Los grandes escritores recrean lo visible y lo invisible de la vida: son magos y las letras son su varita. Por eso me encanta la literatura; sobre todo la literatura de nuestro país. Soy una fiel coleccionadora de Cortázar, Rulfo, Storni, entre otros. Al hijo, poema que ahora sostenés, tiene para mí un valor especial: fue recitado por mi ex-marido durante la misa del velorio de nuestro único hijo. Murió a los trece años...-

Daniel se acerca a Catarina y le toca el hombro en signo de condolencia. Catarina se apresura en secar las lágrimas, y ya sobreponiéndose a su quebranto, agrega:
- Pienso como Borges: "La eternidad está en las cosas del tiempo, que son formas presurosas". Todavía siento a mi hijo todos los días, en cada suspiro, en cada sílaba que emito. Desafortunadamente la gran pérdida que sufrimos terminó de destruir mi casamiento-

Se alza de repente y se detiene junto al Jacarandá, alejándose de Daniel. Él ha registrado con gran interés lo que acaba de escuchar, intuyendo poder usarlo en el trabajo biográfico. Es un ávido investigador del escritor y se encuentra bastante consternado por desconocer a Catarina, a sabiendas del tesoro que detiene; por lo que intenta conducir la conversación a otro lugar.

- Sos una mujer hermosa, perspicaz, seguro que encontrarás a otro compañero. Capaz pueden formar una nueva familia. Yo ya me resigné a ser un viajero solitario-
- Suena un poco triste ¿No tenés hijos entonces?
- No. No tengo tiempo para educar a una criatura. Tuve que dedicar mucho tiempo, toda mi vida, a mi propia crianza. Con la ayuda de Borges, claro-

Catarina mira a Daniel con rara expresión de espanto; su cara muestra sorpresa aunque no asevera si es positiva o negativa. Finalmente pregunta:

- ¿No tuviste padres que te cuidasen?
- Mi padre nos abandonó cuando yo era un bebé y mi madre murió cuando tenía trece años. Fui criado por una gran amiga de mi madre. Ella era muy esforzada, mujer generosa, por lo que trabajaba en dos turnos de la fábrica para mantenernos. Apenas nos cruzábamos en el departamento en el cual residíamos. Yo dispuse de mucho tiempo libre y un inmenso cajón vacío en el pecho; los dediqué a los libros-

Catarina termina de bajar la guardia, gracias a la creciente empatía que le absorbe.

- Mi padre nunca me reconoció tampoco. Así que fui criada por mi madre principalmente, salvo por la presencia de mi abuelo en mis primeros años de vida. Después que mi abuelo falleció nos mudamos a Rosario, porque le salió un puesto de profesora de literatura latinoamericana en la Universidad local-
- Interesante. De ahí probablemente viene tu pasión por la literatura-
- Sí, también. Mi madre fue una mujer muy inteligente, admirable. La extraño mucho últimamente-
- Es duro... Durante muchos años, tras la muerte de mi madre, leí diariamente el poema Inscripción en cualquier sepulcro de Borges. Me consolaba pensar que su alma siempre estaría cerca. Quizás hoy, mediante nuestro encuentro, las almas de tu madre y de mi madre están reclamando su inmortalidad de alguna forma-
- Bueno, yo creo en este tipo de cosas pero, ¿por qué creés que están reclamando su inmortalidad?
- Porque somos energía y la energía no se desintegra-  prosigue antes que Catarina pudiera comentar, dado que no quiere perder el foco en su trabajo, dejándose llevar por charlas metafísicas
- Se me está haciendo un poco tarde ¿Te importaría prestarme los escritos para que los mire?

Catarina acaricia la carpeta y titubea. La ansiedad del silencio es de súbito interrumpida por el canto de las cotorras del parque colindante.

- Podemos negociar el monto a pagar, dependiendo del tiempo e información brindados- señala Daniel, persuadiéndola.

Catarina le entrega la carpeta. Daniel comienza a escrudiñarla y, a medida que avanza en su chequeo, se da cuenta que realmente pueden ser manuscritos inéditos. Se excita aún más:

- Observo que tenés todo un libro de poemas acá. Calculo que compraste estos manuscritos o alguien te los regaló. Puedo pagarte una buena plata por lo que sabés, lo que sea útil a la biografía-
- Los conseguí a través de mi madre. Pensé muchas veces en publicarlos desde que ella murió.
- ¿Por qué no los publicó tu madre? Por qué no lo hiciste vos?-
- Porque mi madre dio su palabra a quién se los regaló; prometió que estas letras serían mi guía, me acompañarían, me orientarían a lo largo de mi vida y no serían compartidas con nadie más.
- Entonces, ¿por qué querés compartirlos ahora?
- Porque este sería el único legado que yo dejaría, perpetuando la presencia de mi familia-
- Borges ya es una figura eterna-
- Definitivamente. No obstante vos podrás contar cuán eterno es Borges para mí, su hija hasta ahora desconocida.

* Jorge Luis Borges nunca tuvo hijos biológicos en la vida real, pero tiene un sinfín de hijos adoptados: sus fieles seguidores.

jueves, 8 de agosto de 2013

El sol y la tierra

Sartre: La esencia es el propósito de algo; su existencia es lo que aparenta ser.

Un rayo de luz dorada
pinta un camino de vida
en la oscura explanada

Nacen flores en la senda
como símbolo del apelo
de la tierra hacia el cielo

Apela porque no existe
si no por la luz que recibe;
ya que sin ella estaría muerta
y ya muerta mataría al sol

Porque así como producir
es de la tierra el destino,
para el sol no es mero tino,
es su razón de vivir

Él es motor ardiente
el fiel nudo de oro
devoto padre de todos
y de todos dependiente

Así, con su mudo suspiro
como de la tierra que ruega,
discreto también se doblega
a existir en el camino

martes, 6 de agosto de 2013

La playa

Fue hace poco, en una noche de febrero, antes de la semana de carnavales. Un noche de verano especial: el plancton centelleaba a la luz de la luna, desde el horizonte hasta la orilla, como si el mar proyectara una sonrisa blanca, infinita, hacia el cielo estrellado.
La brisa y las olas formaban un dueto a capela; el agudo viento y el grave océano entonaban una canción de dos acordes, como un mantra. Yo caminaba descalza, ojos cerrados, jugando con los granitos de arena entre los dedos de los pies, sintiendo la brisa marina que tocaba mi rostro. De pronto escuché un ruido raro; miré alrededor, vi algunas gaviotas que se sumergían y salían veloces del mar; concluí que el ruido provenía de sus maniobras, de sus graznidos. Seguí caminando, distraída con el vuelo de los pájaros, con el oleaje espumoso, hasta que un brillo fugaz se asomó por detrás de una gran roca, a unos trecientos metros de distancia, y me llamó la atención. Decidí acercarme de a poco. Tras avanzar bastante, cuando ya estaba bien cerca, me asusté al ver un hombre delgado, no muy alto, salir en estampida de detrás de la roca. Observé que se alejaba a toda prisa; en un momento se detuvo a buscar algo que se le había caído de las manos.

Me sentí vulnerada por el silencio que reinó después del susto. Percebí que una ráfaga de viento helado, brumoso, conquistaba repentinamente el terreno de mis confidencias. Sentí miedo, como si la soledad tan deseada se convirtiera en amenaza misteriosa. Mi curiosidad, no obstante, fue superior a mis temores, entonces me acerqué a la roca.

Por primera vez me atrevo a volver aquí. El mar hoy tiene un azul ensombrecido y las estrellas me parecen un campo de minas, pequeñas bombas prestes a explotar. La playa está iluminada como entonces, con una luna llena imperiosa, anfitriona de espíritus, guía de su camino en el más allá.
Me acerco a la gran roca nuevamente, siento el agua fría entumeciendo mis pies y mi corazón latiendo con fuerza. La bordeo; la luz lunar la ilumina y casi se asemeja a una lápida de granito. La escrudiño un poco: finalmente encuentro las huellas de sangre, de esa noche de verano, del grito sofocado, del hombre que huyó impune.

jueves, 25 de julio de 2013

El teatro

Claudio y Constantino se conocieron en las  clases de actuación que cursaron juntos. Durante los primeros años de la carrera solían salir en bando, de fiesta en fiesta, hasta que tuvieron una discusión muy fuerte en una noche de borrachera. Se distanciaron durante un tiempo, aunque seguían frecuentando las mismas clases. Ya por finalizar los estudios volvieron a aproximarse cuando Claudio le propuso a Constantino que armasen una cooperativa teatral. Le enumeró las razones por las cuales consideraba que era el socio perfecto, de modo a que se contagiara por su entusiasmo y se encantara con la posibilidad de dedicarse profesionalmente a su gran pasión.

Desde la fundación de la cooperativa, Claudio la financia con el dinero que gana como merchant de antiguedades, gracias a la fiel cartera de clientes que heredó de su padre. Constantino aporta un gran talento para comunicar: escribe e interpreta con natural maestría.
Asimismo aspiran a cosas distintas: Claudio se preocupa en construir algo que el mercado consuma, según la calidad que el mercado perciba, mientras Constantino vive en un mundo imaginario, en la idea de su propio método, una nueva técnica de actuación. Esta combinación de disparidades les favorece.

Hace poco más de un año recorren el país con una obra cómica exitosa. Constantino es uno de los protagonistas- papel otorgado por ser el autor del guión- y actúa con Juana, actriz versátil, de considerable experiencia en comedia. El guión cuenta la historia de una pareja joven que intenta suerte lejos de casa. Describe los sinsabores que suceden, a causa de su ignorancia e ingenuidad, frente a los desafíos de la gran ciudad. La pareja desubicada persigue el sueño de una vida mejor.

El éxito de la obra radica en su texto rítmico, actual, así como en el talento de los actores y en la disciplina de los ensayos diarios. Juana se frustra mucho porque Constantino no cesa de dar indicaciones sobre su papel. Ella debe encarnar una chica tímida e ingenua, características contrarias a su personalidad y él le señala el exceso de energía que emplea en sus gestos, cuán incompatibles con la circunstancia del personaje resultan y por lo tanto artificiales; además de brindarle un discurso de una hora sobre técnica actoral que le atormenta sobremanera.

Así Juana crea a Antonia, siguiendo las orientaciones de Constantino, pese a los sentimientos encontrados que tiene hacía él y, también, según la sincera empatía que siente hacia su personaje, al verse reflejada en sus deseos, en esa idea de persecución del sueño sin la inmediata contención familiar.

En paralelo descubre en Constantino rasgos de su papá, ya fallecido. Él nunca dejaba de expresar su opinión. Y como Constantino, cautivaba con comentarios brillantes, a la vez que producía rechazo por su carácter altanero. Terminó sus días borracho, solitario, en un hotel de mala muerte en su ciudad natal, donde Juana pasó gran parte de su crianza. Ella no pudo verlo antes que falleciera. Se enteró de su muerte por una vecina chismosa, quien se lo contó a su mamá. Recuerda los últimos años de vida de su padre, esos años pasados en la distancia. Muchas veces se queda imaginando en qué pensaba él, qué actividades realizaba, qué sueños perseguía. Imagina por qué lo desconocía, para llenar el hueco que existe en su pecho dónde solo yacen cenizas, imágenes quemadas de una infancia lejana; recrea para suplir el vacío causado por decenas de años de ausencia y bebida.

Constantino, por otro lado, saborea el placer de dedicar a Juana sus obsesiones, su ternura condicionada, su carencia compulsiva. Ella lo ve como a un tutor, a pesar de la poco diferencia de edad entre ambos, y se siente halagada al percibir su dependencia. Paulatinamente la relación entre ellos se convierte de colegas actores a novios dispares. Claudio acecha al proceso sorprendido, con notoria preocupación. Piensa que puede beneficiar a su negocio- conoce a Constantino y sabe cómo le excita enseñar algo a alguien, ser el centro de la atención- pero también piensa que la relación no perdurará. Nunca le ha conocido otra novia a Constantino, aparte de siempre haber escuchado su recurrente discurso sobre las incomprensibles neurosis del mundo femenino.

Decide buscar una sustituta para Juana. Como director no tiene intención de desvincularla pero quiere estar seguro que no quedará al descubierto en caso de que se ausente. Entonces se incorpora al proyecto Cecilia, un affaire suyo.

Cecilia se presenta a un ensayo, sin previo aviso. Claudio explica que será el back-up de Juana. Constantino y Juana se miran fijamente; un clic misterioso, sonoro, hace con que las cosas se detengan, como si toda la energía local se estancara durante unos cinco minutos, como si se condensara preparándose para explotar. Constantino se dirige hacia Claudio, se detiene tan cerca que parece que va a besarlo, y con el seño fruncido pregunta por qué no fue consultado sobre la incorporación de Cecilia. Claudio, tuerce por unos segundos la boca y responde, "Soy el director de la obra". Una poderosa ráfaga de aire frío sube por la espina dorsal de Constantino que, de repente, casi como extensión de las convulsiones internas que experimenta, le propina un gran empujón a Claudio, quien da unos tumbos hacia atrás y cae violentamente sobre una mesa. Claudio se alza y dice, "no sé si sentirme ofendido o consternado frente a tu reacción. Nunca he pensado que pudieras tener un impulso tan primario, siendo un hombre tan delicado" y se marcha. El ensayo se suspende.

Desde ese ensayo el ambiente está tenso. Juana se siente insegura, se equivoca a menudo. Constantino no se concentra en el papel, ya que está atento a las charlas que mantienen Cecilia y Claudio en los rincones. Han tenido que cancelar algunas funciones por indisposición de los actores.

Hoy por la noche va a celebrarse una función de suma importancia: el prefecto del municipio de Ouro Preto, quien los invita a presentarse, va a acudir al estreno. Claudio procura a Constantino antes del ensayo general. Claramente inseguro empieza a adularlo. A Constantino las palabras de Claudio no le convencen, más bien esperaba ese momento a solas con él para descargar la ira contenida. La charla se vuelve una discusión homérica que se escucha desde la calle, repleta de transeúntes. El Teatro Municipal, antigua Casa da Ópera, es un edificio barroco, del siglo XVIII, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco; tiene unas pequeñas puertas en la entrada, en la fachada que da directo a la calle, desde las cuáles es posible ver todo lo que sucede dentro del edificio.

Constantino acusa a Claudio de traición, de haber incorporado a Cecilia porque es su amante, de haber desmotivado a la actriz, tan comprometida con su papel, y sobre todo, de querer destruir a su obra maestra por pura envidia.  Claudio escucha con aire de obediencia, conteniéndose para no echar más fuego a los ánimos y porque empieza a creer honestamente que ha cometido un error. Se percata que capaz ha desatado, o anticipado, la crisis en la relación de los actores.
Constantino insiste porque considera su silencio desidioso. "No entiendo por qué no te das cuenta que tengo razón. Debe haber otro motivo que no me quieres confesar... ¿Acaso estás enamorado de Cecilia?". Claudio suelta una sonora carcajada, "no, no, Cecilia es una buena amiga. Tengo varias y buenas amigas, ya sabes que me gustan las mujeres". Se calla por unos instantes, como para dejar a Constantino que asimilara lo dicho, y continúa, "además no me gusta mezclar emociones con negocios".
Una discreta e irónica sonrisa se le dibuja en los labios a Constantino, "Sí, ya sé todo eso. Pero  pienso que nuestra relación podría haber sido muy diferente de haberla retomado por otra razón que no fuese armar la cooperativa juntos". Claudio se pone muy nervioso, "!No te lo puedo creer! La obra es un éxito rotundo, cuentas con una novia ideal para el papel,  y ¿te parece que ha sido un error la cooperativa? ". Constantino menea la cabeza negándolo, "un error no, pero quizás no lo que yo realmente deseaba". Claudio aprieta la boca para evitar que salgan las palabras. Intercambian miradas que comunican mensajes diferentes. Claudio se apresura en encerrar la discusión, indicando que ya es hora de iniciar el ensayo general.

Durante el ensayo general Juana no se atreve a preguntar nada a Constantino. No sería oportuno. Aguarda el momento cuando se maquillan, peinan y visten para tantearlo. Él, para su sorpresa, informa que ya comprende la actitud de Claudio, que inclusive la ve lógica y previsora. Juana reacciona, "¿Lógica y previsora? ¿Qué significa previsora? !¿Es que pretende deshacerse de mí?!". Constantino la abraza y asegura que no es la intención de Claudio, que en verdad quiere ayudar a Cecilia, su amante, dado que está desempleada desde hace algún tiempo y, al menos, acudiendo a los ensayos, puede ejercitarse como asistente de dirección.
Juana no le cree, al fin de cuentas Claudio ha dicho que Cecilia es su back-up, pero sabe que, sobre todo en este momento, debe mantener una actitud ética, evitando dejarse llevar por la sensación de desengaño que le despiertan Claudio y ahora también Constantino. Así que fuerza una sonrisa conciliadora y arregla el maquillaje corrido por las discretas lágrimas de impotencia.

Está casi todo preparado: el interior del teatro, revestido en madera noble, rico en trabajo de albañilería, está bellamente iluminado; los espectadores llegan de a poco, están siendo acomodados en la platea y en los camarotes laterales. En el camarote imperial, en el segundo piso, se encuentra el prefecto con su familia.
Juana y Constantino aguardan detrás de la cortina aterciopelada. Juana agarra la mano de Constantino y le clava las uñas en la carne desprevenida. Constantino atribuye su reacción a los nervios, así que la invita a hacer un breve ejercicio de relajación. Sin embargo el corazón de Juana late tan fuerte que le es inviable a Constantino concentrarse en su propia respiración. Entonces él le masajea los hombros y le susurra al oído, "eres Antonia y yo te amo". Juana se reconforta un poco porque interpreta las palabras de Constantino como garantía de su amor: de un amor momentáneo, ilusorio, pero de alguna forma, presente.

Entra en escena  para actuar con Fernanda Montenegro, actriz de prestigio que causa gran impacto en el primer cuadro, en el papel de su madre. Juana y Fernanda están en la cocina de una casa humilde, preparando la cena para la familia; cena a la que se une Constantino después, como invitado.

Constantino observa el transcurso de la escena a través de una pequeña ranura del escudo de terciopelo. En su corazón se mezclan los sentimientos, la responsabilidad que siente hacia Juana- o hacia Antonia- y el  alivio que las palabras de Claudio le han producido, cual agua fresca sobre la angustia escaldada. Visualiza mentalmente a Antonia- o a Juana- para canalizar su ansiedad. Detiene esa imagen mientras cuenta los segundos. Al fin entra en escena con las cejas pesadas de culpa.

Constantino se queda estático, con labios entreabiertos y ojos casi suplicantes. Juana nota que está raro. Se escucha el ruido de los asientos movidos por el público, inquieto por la pausa demasiado larga. Entonces Juana lo agarra del brazo, lo sienta en la mesa de la cena, mientras improsiva frases de tipo, "No seas tímido, ni te asustes. Mi familia sabe lo bueno que eres por todo lo que les conté sobre ti". Afortunadamente el público parece aceptar el cambio improvisado.
La obra luego transcurre según el guión, casi como de costumbre, si no fuera porque en esta ocasión en lugar de satirizar sobre la ignorancia de los personajes, los actores han burlado de su propio miedo al cambio.

La obra concluye. El público aplaude efusivamente. Claudio saluda a los invitados especiales, durante el cocktail ofrecido en su honor, mostrando una cara iluminada de satisfacción por el logro acometido.

Juana y Constantino tardan en salir del camarín. Claudio mira a Cecilia y le indica con un gesto que va a chequear qué ocurre. Encuentra a Juana sola, terminando de arreglarse. Le pregunta por Constantino. Ella dice que no han hablado siquiera después de la obra, que Constantino ha agarrado su mochila y se ha ido.
-¿Cómo se ha ido? ¿Adónde?
- No sé... Me intriga la discusión que han tenido hoy, antes del ensayo general. Constantino ha cambiado su parecer súbitamente
 -Solo le he dicho que él puede cambiar el texto cómo le de la gana
- Bueno, no sé, ustedes se conocen, ¿no?. Además, calculo que sabrás lo que estás haciendo. Al fin y al cabo eres el director de la obra y siempre estás preparado para los imprevistos.
Agrega:
- Calculo que Constantino estará en el teatro, ya que sus llaves y celular están aquí.

Claudio le ruega a Juana que se apresure, que se una a Cecilia en el entretenimiento de los invitados, mientras él busca a Constantino. Finalmente lo encuentra sentado a oscuras en un camarín del ala este.
-¿Qué haces aquí?
- Estoy meditando un poco
- ¿Ahora? ¿No ves que hay decenas de invitados esperándote? Inclusive ya me han preguntado por ti.
- ¿Ba, qué me importa? Todo es una mentira, esa gente mañana se ríe de mi foto en el diario. Yo estoy harto de la mentira. Toda mi vida es una farsa.
- ¿Pero de qué estás hablando? ¿Podemos charlar sobre tu crisis personal en otro momento?
- ¿De qué estoy hablando? Ya sabes de qué mentiras estoy harto...
- Por favor Constantino, este asunto había sido sepultado. Siempre has conocido mi postura al respecto, creí que la habías aceptado.  Ahora, por favor, tu público, Juana y yo contamos contigo. Vamos al cocktail.

Constantino se levanta del suelo, limpia su pantalón con desgana y acompaña a Claudio hasta el hall de entrada, dónde las risas son cada vez más altas gracias al champán disponible. 

Claudio se acerca al grupo donde está Cecilia. Constantino se acerca al grupo donde Juana charla animada.  Claudio le pide a Cecilia que se retire discretamente, antes del fin del evento, compartiéndole la necesidad de precaución frente al estado irascible de Constantino.

Constantino circula, saludando a los invitados, oyéndolos con una sonrisa fabricada que apenas deshace para beber largos sorbos de champagne. Dispensa quince minutos en cada grupo, se toma dos copas de champán y luego pasa a otro grupo, a otras dos copas de champán. Ya en los últimos grupos con los que tiene que socializar, emite ideas polémicas, con un tono de voz muy alto, mientras a duras penas se queda parado, sin balancearse como un marinero luego de desembarcar en el puerto.
Llega al grupo de Claudio y del prefecto. Apoya su brazo sobre el hombro de Claudio y, sacundiéndolo, comienza a gritar, "!Este hombre, sí, este ssiieñoor...", y se desploma de súbito porque tropieza con su propio pie. Claudio efectúa un gran esfuerzo para que no se caigan ambos. Al retomar el equilibrio Constantino sigue, ahora gritando con la voz más arrastrada,"!Sí, este hoompre es un gradísimo traidoor!". Claudio se sonroja instántaneamente, afirma que su colega dice sin sentidos por el exceso de bebida y se disculpa varias veces por el comportamiento impropio. Juana observa a lo lejos. Para evitar un escándalo mayor, se aproxima, le da un beso en la mejilla a Constantino y pide a Claudio que la acompañe hasta el camarín. Entre los dos cargan a Constantino y lo tiran en una silla. Vuelven al hall, en medio de comentarios susurrados y miradas críticas, se excusan con los invitados y finalizan el cocktail.

A los veinte minutos regresan para chequear cómo está Constantino. Él ronca, con la cabeza colgada hacia atrás, los brazos caídos y las manos abiertas con las palmas hacia arriba. Duerme profundamente.

Intentan despertarlo pero es inútil. Claudio recuerda que su coche está a unas tres cuadras del teatro, mucho trayecto como para ir cargándolo.  Deciden dejarlo dormir tranquilo, ya que el teatro no abriría al día siguiente por ser día lunes. Claudio apoya la silla en una pared y Juana cubre a Constantino con un mantel de cuadritos.

Claudio acerca a Juana a su casa, en coche. Durante el camino ella toma valor y le pregunta si  realmente pretende sustituirla por Cecilia. Claudio contesta un seco no.
No obstante, al percibir la expresión dudosa de Juana, agrega, "eres una actriz talentosa, profesional, lo tengo claro. Te confieso que mi mayor temor fue causado por la relación afectiva entre Constantino y tú. Nunca consideré que durara... Aunque también confieso que ya no creo que sea ese el problema". Juana pregunta ansiosa, "Entonces, ¿Cuál es el problema?".  "Pregúntaselo a Constantino", contesta sin más. Llegan a la puerta de la casa de Juana; ella duda si bajar del coche o seguir preguntando sobre el nuevo problema, sobre Constantino. Finalmente baja del coche, cargada de muchas interrogantes.

Pasa varias horas en vela pensando sobre lo dicho por Claudio, sobre la entrega total de Constantino hacia Antonia, sobre cómo esos preciosos minutos de entrega son las únicas dosis de amor que aún la nutren y los unen.
Recuerda a su padre; el poco tiempo que compartieron desde su adolescencia, cuando en ella afloró el encantamiento con el arte y a su padre lo terminó de conquistar el alcohol barato. Una imagen de su padre, con un semblante desgastado, sonrisa macilenta, le invade, colmándola de pavor. En la imagen también se ve, usando una habitual máscara de agrado mientras un nudo en su garganta impide la libre respiración. No puede seguir pensando; lágrimas bajan por sus mejillas, gruesas como pedacitos de roca, como si el nudo intentara desintegrarse a través del agua salada. Acaba conciliando el sueño por agotamiento.

Al día siguiente, por la mañana temprano, Juana llama al celular de Constantino. No lo localiza. Va al cuarto del hotel donde está alojado; golpea la puerta pero él no atiende. Decide ir al teatro, preocupada. Para su sorpresa, al llegar allí, nota que Constantino ya no está y que ha llevado sus cosas.

Pasan dos días y nadie sabe su paradero. No atiende al teléfono, no retorna las llamadas, ni emails. Claudio se ve obligado a cancelar las funciones de la semana. Dado que la obra permanecería en la cartelera del Teatro Municipal de Ouro Preto durante dos meses, deciden quedarse alojados en la ciudad, en el mismo hotel, con la esperanza que Constantino regresara pronto.

Al cabo de siete días, Constantino aparece. Manda un email a Juana pidiéndole disculpas por las formas y expresando las decisiones que ha tomado en relación al rumbo de su vida.
"No tengo ganas de seguir mintiéndome. No tengo ganas de seguir mintiéndote. Entre nosotros no hay más que una bella amistad...
Yo no era consciente quizás porque he andado muy ocupado, inmerso en teorías, enfocado en vivir otras vidas que no son la mía. Lo cierto es que no era feliz. Tú eres maravillosa como mujer y actriz. Soy profundamente agradecido por la pasión que has depositado en nuestro fantástico proyecto.
No obstante siento que debo desvelar otros horizontes, iniciar nuevos proyectos. Sobre todo reflexionar sobre mis tendencias o deseos afectivos más relevantes.
Parto esta noche a Sitges, Cataluña, España. No sé por cuánto tiempo. Mandaré noticias.

Cuídate mucho. Cariños, Constantino

PD: Por favor avisa a Claudio"

Los sentimientos de alivio, tristeza y confusión consumen a Juana: por un lado se alegra que las dudas hayan sido disipadas, que Constantino haya tomado la iniciativa de terminar una relación maquillada, insatisfactoria para ambos; sin embargo, por otro lado, le martiriza el fausto sabor del abandono y desconfía: desconfía de sus propias motivaciones afectivas, de la relación entre Cecilia y Claudio, Claudio y Constantino, y sobre todo, del hecho que Constantino le haya dejado la engorrosa tarea de avisar a Claudio sobre su inesperada partida.
Mientras prepara su maleta para ir visitar a su madre, a su ciudad, trata de descifrar el pensamiento de Constantino uniendo o combinando sucesos, gestos y palabras en un enorme rompecabezas. Al fin la maleta está lista y las ideas ya no le caen bruscamente como libros de una estantería desordenada. Telefonea a Claudio; quiere ser breve. "Gracias por la oportunidad. Ya me estoy yendo a lo de mi mamá, como te dije. Me quedaré por un tiempo. Necesito repensar mi futuro". Claudio responde, "Gracias a ti por el gran trabajo. Es una lástima que todo haya terminado así". Juana agrega, "sí, una lástima que la obra no pueda continuar. Pero bueno, me alegro que esta experiencia nos haya servido para destapar ciertas verdades...  Te mando un beso. !Me tengo que ir!". Se despiden.

Claudio cuelga el teléfono, mira por la ventana a la calle con una taza de café en la mano. Agarra los diarios locales que ha guardado, del lunes anterior, para ojear las críticas hechas acerca de la obra. En general son todas muy positivas, excepto por una que menciona la falta de decoro del protagonista durante el cocktail brindado y cuestiona el tipo de relación existente entre director y actor. Claudio aprieta ese diario hasta formar una pelotita y lo tira con rabia a la basura.