sábado, 28 de abril de 2012

Bar Contreras- Cuento

Bar Contreras - Cuento Corto

Que alegría verte!, exclama Juan al llegar en el bar Contreras, a la hora pactada.

Cierto, hace mil que no hablamos, coincide Pablo cuyo brandy no suelta ni siquiera para abrazar a su amigo.

Se dan un beso en la mejilla, muestra del grado de amistad que aún los une.

Entonces dime, en qué andas? Sigues casado con Magdalena?, pregunta Pablo

No, que va... Nos separamos hace 2 años, confiesa Juan

Hum, qué bajón! Ustedes tuvieron hijos, no?

Sí, sí, tenemos 2 varones. Ricardo tiene 11 años y Antonio tiene 8.

Cómo se lo tomaron? Ya se adaptaron a la nueva situación familiar?

De a poco van acostumbrándose. En verdad Antonio lo lleva un poco peor.

Sí, es natural. Con el tiempo todo se asentará, afirma Pablo alentador.

Juan se queda pensando abstraído. Pablo se mantiene callado, imaginándose que su amigo recuerda a su ex mujer y que quizás todavía la extrañe…

Como para cambiar el tono de la conversación, le pregunta: Y de mujeres, qué onda?

De pronto, el semblante de Juan se transforma. Le sonríe a Pablo con aire picarón, le da una palmadita en la espalda y le dice: “te tengo que contar una historia que no te la vas a creer”.

Y le pide al mozo otra ronda de brandy para los dos.

Sentémonos, dice Juan mientras agarra a Pablo del brazo, forzándole a sentarse a su lado.

Pablo se acomoda en el banco y aguarda ansioso.

Te acuerdas de Diego? Uno de los chicos de nuestra pandilla de la universidad?, pregunta Juan

Pablo medita, da vueltas y suelta una carcajada. ““Me estás jodiendo?!? Diego, el loquito, el infiltrado?”, grita.

(Todo el bar enfoca la atención en la conversación de Juan y Pablo a partir de ese chillido)

Juan asienta con la cabeza mientras se toma un largo trago del Cordon Blue. Se limpia la boca con la manga de la camisa, le mira fijamente y continua: lo reencontré de casualidad en un recital de Ramones hace un mes. Está igual, en todos los sentidos…
Y suelta una sonrisita irónica que Pablo capta de inmediato y retribuye.

Pero dime, volvieron a verse después del recital?, le cuestiona Pablo.

Pues mira, él me anduvo llamando durante días y no le respondía los llamados. Sin embargo llegó una instancia en la que ya me sentía culpable, mala persona por no darle bolilla. Así que lo atendí.

Juan hace una pausa para engullir una bocanada de humo de su pucho y prosigue:
la cosa es que finalmente quedamos un día a cenar, en un restaurante mejicano que él sugirió.
Como no sabía muy bien adonde quedaba el lugar, Diego se ofreció para buscarme con su auto y yo lo acepté.

Ya en su auto lo notaba demasiado excitado, inclusive pensé que podría haber consumido alguna droga, pero luego me acordé que él siempre estaba sobresaltado. Traté de mantener la buena onda, evocando recuerdos de nuestros encuentros veinteañeros, mientras desconocía los planes que ya tenía elaborados en su mente.

En ese momento, Juan se detiene porque se atraganta con las ansias de risa que le invaden. Respira hondo y agrega: Fue una noche inolvidable Pablo, inolvidable…

Te voy a llevar a un boliche que te va a volar el bocho*, me soltó de pronto . Entonces lo escrudiñé, desconfiando de su elección, y le pregunté qué clase de programa había planeado.
Me trató de convencer para encontrarnos con un par de amigas suyas, rogándome que le hiciera la gamba porque le gustaba mucho una de ellas.

Pablo pide otros 2 brandies y exclama con palabras torcidas: Me imagino lo que serían esas amigas!, descorchándose de la risa mientras atina a encajar su cola nuevamente en el banco que tambalea.

Juan afirma: no amigo mío, no te imaginas lo que eran esas chicas... Yo tampoco me lo imaginaba, la verdad. Lo cierto es que terminé por acompañarlo.

Fuimos a un boliche oscuro, con la fachada manchada por las huellas de la dejadez y un letrero rojo que indicaba Paradis; su aspecto era decadente en general, no solo por la “e” de Paradise que se había desplomado sin que nadie se preocupara por arreglarla.

Al entrar, me percaté que había pocos hombres y muchas mujeres con poca vestimenta y labios carmesí. De repente me dí cuenta de todo... Lo agarré a Diego del brazo y lo apreté: boludo, esto es una casa de putas! Como no me dijiste que pretendías venir acá!

Él se puso muy nervioso, subiendo y bajando sus anteojos de nerd compulsivamente. Yo lo miraba con las manos en la cintura, en posición de jarra; estaba realmente molesto porque me había mentido.

Entonces confesó que hacía meses que no dormía con una mujer y que no había tenido valor para informarme de la totalidad de sus planes. Pero que lo que sí era cierto es que necesitaba que yo le ayudara...

Pues bueno, me quedé. En verdad no me parecía tan terrible. Al final consistía en tener a varias beldades acariciándote mientras te tomabas un brandy.

Uno, dos, tres, siete, no sé. Unas cuantas copas fueron…

Entre ronda y ronda, se acercaron las “amigas” de Diego. Era un hecho, él las conocía. Probablemente fuera cliente asiduo de Paradise...

Una de ellas se pegó un metejón* conmigo, o con mi billetera más bien. Deslizaba sus uñas por mis pantalones como una plancha a vapor, sin dejar ni una sola arruga. Ni un pedacito de paño quedó sin ser “planchado”.

Y claro, entre la dosis sobrehumana de alcohol que ingerí y las caricias de la señorita de uñas punzantes, estaba totalmente rendido...

Pablo señala cómplice: es que bajas mucho la guardia ante tal escenario...

y pregunta: Qué pasó con Diego? Adónde estaba mientras te entregabas a los cuidados de una de sus “amigas”?

Diego estaba en unos sillones, “apretándose a otra señorita”. Bueno, en realidad ella lo cubría como un manto, lo encapsulaba… La tipa medía 1,80cm y Diego, ya sabes, no pasa de 1,60cm. Una escena un poco grotesca, dice Juan burlándose.

Y cómo siguió la noche entonces?, pregunta Pablo excitado.

Nada, como te digo la señorita me tenía a merced de sus encantos y al fin me condujo a uno de los cuchitriles del respetable establecimiento.

Y Diego?, insiste Pablo

También subió con una señorita a uno de los aposentos.

Pablo aporrea la barra del bar con su copa de Cordon Blue y vocifera: “Una noche inolvidable sin duda. Diego te habrá agradecido”, guiñándole un ojo.

 (la audiencia interesada pega un salto ante la tensión del golpe de la copa en la barra de madera maciza)

No sé que decirte. Creo que en verdad no fue una buena idea que fuéramos a ese lugar…

Pablo lo mira aturdido: Bua, no entiendo nada. Al final Diego no consiguió lo que quería?

Déjame contarte el resto de la aventura... ataja Juan

Yo estaba en medio de la exploración detallada, entre hipo e hipo, de las virtudes de mi acompañante.

No habían transcurrido más de 20 minutos desde que nos habíamos recluido en el cuarto y, de repente, sonaron golpes insistentes en la puerta.

Mi acompañante gritó que el cuarto estaba ocupado. Y se oyó una voz al otro lado, gritando mi nombre. Ella me encaró esperando que yo reaccionara, pero no registré la situación. O sencillamente me negaba a registrarla…

Claro, la voz chillona era de Diego. Dentro de mi borrachera creo que alcancé a distinguirla aunque no sabía qué decía exactamente.

Dada la perseverancia de sus golpes, mi acompañante se medio vistió y le abrió la puerta. El vino derecho hacia mí y me arrastró hasta el baño del cuarto. Y nos encerró adentro. Empezó a decir con una convicción disparatada que había desistido de acostarse con una de sus amigas y que quería marcharse cuanto antes.

Por un momento, pensé que lo que escuchaba era fruto de mi estado de ebriedad, ya que todo me parecía demasiado surrealista a esa altura. Al fin atiné a preguntarle por qué quería marcharse con tanta urgencia.

Para mi total asombro, me dijo que no le gustaban las prostitutas porque su agrado era falso, íntimamente relacionado con los billetes que estuvieran en juego. Además se quejó que le había tocado una acompañante que no era la que a él le gustaba especialmente. Se le notaba frustrado…

Entonces le incentivé a que pidiera un cambio, para que le asignaran la chica que quería. Se negó y susurró a regañadientes que su “chica” estaba ocupada, atendiendo al que últimamente era el dueño de sus favores: un empresario de 60 años que la trataba muy bien, brindándole infinidad de regalos, para ella y para su hijo.

Acá hay una pizca de celos, pensé. Pareciera que Diego en realidad estaba enamorado de una prostituta sin sentimientos, el mismo género que él aparentemente rechaza… y procura.

Yo lo quería asesinar, aunque me embistió una ola de lástima a causa de su alma confundida. En una fracción de minutos mi cabeza se pobló de eventos vividos en los cuales Diego mostró su ambigüedad, su cobardía ante los propios deseos, ante las consecuencias de las actitudes tomadas.

Pero antes de que pudiera reaccionar, él abrió la puerta del baño y me dijo mientras salía que me esperaba afuera para que nos marcháramos.

Yo tardé unos minutos en digerir lo que estaba sucediendo. No me quedaba otra, habíamos ido en su auto y yo no tenía ni idea de mi localización. Me tenía que ir con él.

Empecé a vestirme. Mi acompañante me miró burlona y preguntó: volverán la semana que viene? Yo le respondí que no sabía, que capaz. Ella incisiva agregó: tu amigo seguro que sí…

Juan sorbe las últimas gotas de su copa, dando por zanjado el cuento. Y fija sus ojos, pensativo, sobre unas fotos de algunos célebres jugadores de fútbol, colgadas en una de las paredes del bar Contreras.

Pablo se solidariza al verle tan preocupado y dice: “Diego siempre ha sido una fuente inagotable de anécdotas… Seguro que nos divertimos juntos. Invítale para que venga a tomar algo con nosotros en la próxima ocasión”, sonríe complaciente.

Sí, dale! exclama Juan. Así Diego sociabiliza en otro tipo de “boliches”… Le va a venir muy bien, le va a venir muy bien...Concluye

domingo, 22 de abril de 2012

El cielo

El cielo luce muy oscuro ahora,
cautivo de las tantas palabras eclipsadas
que yacen en los giros de mi pensamiento

Se reconoce huérfano indeleble,
aislado en la inmensidad de lo que ha sido
en el cuenco de las ilusiones hoy apagadas

En él vibra la carencia de expectativas
cuyas expresiones se distinguen en el polvo
mientras susurran fulgor reducido a sombra

Sí, también se reconoce unidad universal
un ente integral con alma, formas y fondo
quien comparte su totalidad con el entorno

Pero se encuentra vacío de pretensiones
sólo ante los tifones de los recuerdos vivos
que palpitan encerrados en la noche infinita

En esa noche infinita con la soledad incompleta
recita versos sobre cometas, astros cadentes
legajo del tiempo que camina en la penumbra

Versos borrosos que atrapan al deseo latente,
lo dejan en el limbo, en nebulosidad consentida,
impidiendo que se asome un mañana incipiente

Por tanto el cielo formado de sueños ausentes
de estrellas fugaces que limitan los sentidos
luce finalmente hueco, despojado de si mismo

sábado, 14 de abril de 2012

Presentes y perplejos

Las agujas del reloj con su cadencia
simbolizan la perpetuidad del ahora
momento jubiloso que el niño adora
para lucir su vibrante consciencia...

Con inagotable fuente de intuición,
y notable ingenuidad características,
juega con todo carente de pretensión
dispuesto a sorprenderse sin premisa

Perplejo, sin pasado, futuro o razón
con tacto, paladar y ojos inquisitivos
se ciñe a los efectos, a la sensación
del instante sagrado e imprevisto...

Así se viste de gloria el alma reverente
al escuchar la voz emotiva del presente
la esencia de lo divino en cada oración
del diálogo del mundo con su corazón.

martes, 3 de abril de 2012

En la bahía

Circula la brisa en la tarde acalorada
peinando los azulinos bucles de mar
remueve la atlántica masa estancada
la que el sol palpa con mano estelar

Por la pacata masa de carácter marcado,
de espalda fuerte con simétricas colinas
atraviesan barcos con el motor acelerado
y subrayan con espuma el agua cristalina

La arena de cristales blancos y dorados
escurre por los dedos como sal refinada
refleja como espejo la bahía iluminada
y abraza el paisaje de océano empapado

A medida que el sol se rinde a la muerte,
tras librar sus batallas, le toca su suerte,
entre los gemidos de pájaros atribulados
se perfila en el cielo su final anaranjado

Así concluye más un día de otoño colorido
con fresco aroma cítrico, base de tono rubí...
el sol da a la bahía un beso ámbar enrojecido
y le dice: hasta mañana, ahora he de dormir.

domingo, 25 de marzo de 2012

Un domingo en mi cama

En el aire matinal de un domingo
se escuchan los acordes del olvido
que tanto me ha costado admitir…

A mi lado en la cama aún caliente
se siente la fragancia maloliente
de aquella ilusión que vi morir

Ella que a mis sábanas impregnó
a mis inocentes deseos contagió
renegó a un conjunto porvenir…

Ahora, de esa mañana apasionada
tan solo resta el ruido de la nada
que mi pecho insistió en perseguir

Así, en las emociones de la aurora
intensa es la nostalgia que aflora
porque sé que he de dejarte partir.

Para al fin, con una nueva melodía
refrescar el aliento de tantos días,
de tantos domingos por compartir…

sábado, 24 de marzo de 2012

El significado de la insignificancia

Imponentes son el cielo que nos alberga
que abarca el total alcance de la mirada,
el mar que nos embiste sin dar tregua
en las noches de tormenta y marejada

El canto de vida en el silbido de las aves,
en el rumor de rocas que suaves deslizan
por la ladera de la montaña hasta el piso
esparciendo sus despojos por el enclave

Imperantes son la potencia de la tierra
cuando desgarra su piel en actitud fiera
hace temblar los cimientos del paraiso
propagando el pánico sin previo aviso

La presencia cegadora de tantas estrellas
que alumbran a las caudalosas cascadas
dejan un legado pintado con sus huellas
que centellea en la dulce agua plateada

Desde la misma insignificancia pasiva
contemplamos ansiosos nuestra dicha
ser secundarios en el entorno natural
protagónicos en nuestro pensar cabal

Dependientes de él, generoso entorno,
somos cada uno de los seres pensantes
diminutos en la escena, como adornos
en el engranaje del universo reinante

El amor imperfecto

El deseo a veces se enmascara de amor necesario, intolerante y superficial.

El propio derecho divino a ser felices nos avala juicios y acciones que, en verdad, nos alejan de la pureza del sentir aceptación, acercándonos a la posesión.

El sentimiento de piedad, por ejemplo, puede surgir del rechazo a lo que es naturalmente distinto a cánones o dogmas culturales determinados. Así observamos que detrás de esa piedad reside la angustia del miedo.

El miedo a la imperfección, considerada como penitencia, como una aberración de la naturaleza, es finalmente sinónimo de fracaso. Un fracaso medido según la vara social en la cual uno se encuentra inmerso, o del grado de perversidad que se aprendió.

Al fin y al cabo, sí somos seres emocionales, alimentamos nuestro espíritu a través del intercambio afectivo.

Ya sea amando a la difunta perfección o a la real imperfección, en cualquier caso y pese a las diferencias de interpretación, buscamos el valor de la ternura que mantiene a nuestros corazones tibios... y vivos.



* Ensayo corto sobre el libro "La Mujer más pequeña del mundo" de Clarice Lispector.
Clarice Lispector es considerada una de las más importantes escritoras brasileñas del siglo XX